Nunca debiste robarme el protagonismo
Que a pulso y con esfuerzo conseguí ganarme.
Nunca debiste tener ese comportamiento
Sabiendo que tengo problemas de temperamento.
Nunca debiste ser el “amigo de”
Cuando estaba claro, que el lugar que te correspondía
Era el de “novio de”.
Nunca debiste sobrepasar el terreno marcado con orina.
¡Nunca debiste despertar en mi el instinto de jauría!